Cuando se anunció que habría dos juegos Pokémon para Switch, uno más casual y otro más hardcore, me permití fantasear con un nuevo Colosseum.
Un juego diferente dentro de la saga. Se suele alabar el tono del juego, y con razón: realmente es más oscuro que cualquier otro Pokémon, aunque obviamente se trata de una oscuridad muy mitigada, sigue siendo un juego para niños. La introducción me parece fantástica: una explosión en una guarida secreta, suenan las alarmas, un personaje roba un artefacto, la banda sale corriendo en su busca, el ladrón huye por los pelos con una sonrisa mientras una segunda explosión destroza la base entera.
El ladrón resulta ser el protagonista. Es ex-miembro de la banda a la que acaba de robar, conduce una moto realmente chunga y sus Pokémon son Espeon y Umbreon. Juntos se detienen en una especie de bar de mala muerte apañado en los restos de la carrocería de un tren, perdido en un desierto que parece un planeta olvidado de Star Wars. Y los entornos del resto del juego van a tono, incluso cuando son ciudades adineradas y limpias, porque el juego no teme mostrar la corrupción que ocultan.
En fin, nada que ver con Pueblo Paleta.
Pero la lección de Pokémon está en algo más profundo que el tono. Colosseum vive exclusivamente de combates dobles, no tiene rutas y no tiene Pokémon salvajes. Tampoco bayas, guardería, gimnasios, medallas o liga. Sobre el papel es algo de temer, pero a diferencia de Espada y Escudo, que renuncia a cambio de nada, Colosseum sabe ser conciso.
Sólo hay combates dobles, lo que permite ser estratégico. No hay zonas para subir de nivel fácilmente, lo que permite controlar mucho mejor la curva de dificultad y obligar al jugador a adoptar estrategias (los niños no son tomados por tontos). No se puede capturar cualquier Pokémon, lo que hace que cada uno sea mucho más importante y estés prácticamente obligado a capturar todos. Y los que se pueden capturar pertenecen a otros entrenadores y debes capturarlos en mitad de un combate, lo que hace de la captura una mecánica mucho más delicada. Las posibilidades y los recursos se limitan, sí. Y a cambio, Pokémon Colosseum es el mejor Pokémon de todos en lo que se refiere a la aventura.
Total, que ese tono sórdido, manejado con maestría a nivel superficial, es coherente con el planteamiento general del juego. Colosseum es, también en la jugabilidad, un juego áspero como sus personajes, seco como su mundo. Todo está bien planteado y la lección es esa: que, al menos en juegos laterales de la saga, merece la pena tomar riesgos, subcontratar a gente con talento y pasión y dejarles meter mano en el mundo Pokémon, sin perjuicio de que la saga principal siga viviendo de la herencia de sus tatarabuelos. Porque Pokémon Colosseum despreció la herencia, se sacudió los apegos y las exigencias autoimpuestas, y renunció a ser Campeón para ser un héroe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario