Ha pegado fuerte, el Hades. ¿Por qué? En mi opinión, por dos motivos conjuntamente: que todos los elementos que tiene son llamativos y disfrutables (jugabilidad, diálogos, diseño artístico y temática) y que todos ellos están muy bien integrados.
Hades se ambienta en la mitología griega, cosa que por lo pronto mola, y plantea una historia sencilla y emocionante: huir del inframundo, el Hades. Esa cortísima sinopsis, "huir del Hades", despierta la imaginación porque aprovecha una temática rica, atractiva y más o menos familiar. Ya estamos medio integrados en el mundo de Hades por una cuestión cultural, pero dar vida en un videojuego a la mitología no es algo tan frecuente, curiosamente. Y es que además de ser una idea atractiva, Hades la aprovecha muy bien: da nueva vida a los viejos mitos con un diseño muy vistoso y unos diálogos buenísimos. El diseño causa una muy buena primera impresión. Pero los diálogos dan durabilidad al juego, son uno de sus dos grandes logros (del otro hablaré después). No se trata de que cuenten una historia muy rompedora o elaborada, sino de que son chispeantes. Caracterizan a los personajes dándoles suficiente carisma, juntan referencias mitológicas y desenfado sin problema y muchas veces son graciosos. Son lo bastante entretenidos para que sea gustoso hablar con los personajes, cosa que se hace con bastante frecuencia por cierto (tranquilidad, la mayoría del tiempo consiste en jugar), y el hecho de que estén doblados ayuda aún más a dar personalidad a cada uno y a sumergir al jugador en el juego. Con lo cual, el "envoltorio" del juego, todo lo visual y ambiental, está magníficamente trabajado. Además, se integra en la jugabilidad: las mejoras típicas del género son aquí bendiciones otorgadas por los dioses del Olimpo simpatizantes con tu causa. Mola, ¿eh?
El otro motivo del éxito de Hades es su equilibrada jugabilidad. Hades no tiene unas mecánicas profundas, para nada. Es un roguelite (los niveles se generan al azar y al perder se empieza desde el primer nivel, aunque con los sucesivos intentos se van consiguiendo ciertas mejoras que se conservan, con lo que en cada nuevo intento el personaje es más fuerte) y todo consiste en matar enemigos. Pero hay varias armas y cada una es marcadamente distinta de las demás. El gran logro de Hades es que esas diferencias se traducen inmediatamente en una forma distinta de jugar. Prácticamente en el mismo momento de probar una nueva arma, el jugador es capaz de amoldar su estilo de juego a ella. Parece algo obvio y en principio no es nada que no exista en otros juegos: en un juego de lucha, cada luchador tiene un estilo y una concreta forma óptima de controlarlo; en un juego de conducción, si hay diferencias entre los vehículos habrá una forma mejor de tomar las curvas con cada uno; en un RPG, habrá una estrategia de combate más eficiente para cada combinación de personajes, equipo o lo que sea. Pero lo que normalmente ocurre es que el jugador novato afronta la pelea, la carrera o el combate de la misma forma, y sólo bastantes horas después habrá conseguido adaptar su juego a la idiosincrasia del personaje, y sólo de alguno en concreto. En Hades, las diferencias son inmediatamente legibles y sus consecuencias inmediatamente aplicables. Prácticamente en el mismo instante de conocer el arma el jugador puede, con suma facilidad, cambiar su estilo para adaptarse acertadamente a ella. Exactamente lo mismo cabe decir de las bendiciones y circunstancias variadas que en cada partida se van encontrando en las sucesivas salas: darán lugar a un conjunto distinto de condiciones al que será fácil adaptarse coherentemente.
Pondré un ejemplo concreto: en una de mis últimas partidas, usé una especie de ametralladora como arma, uno de cuyos ataques es una granada que daña en zona. Obtuve en la primera sala una bendición que permitía disparar tres granadas seguidas y potenciaba ese ataque. Inmediatamente, pasé a usarlo como principal y a tirar granadas por todas partes con la seguridad de que acertarían a algún enemigo, o tirarlas a la misma zona para hacer mucho daño. En cualquier caso, me servía para hostigar de continuo, y en adelante elegí todas las bendiciones que mejoraban ese mismo ataque. En mi siguiente partida, usando la misma arma, obtuve al principio una bendición que daba a dicho ataque más potencia y más área de impacto, pero hacía que te provocara daños a ti también. Mi estilo de juego cambió a mantener la distancia y calcular bien cada disparo y mi propia posición, porque aunque cada impacto era muy poderoso había demasiado tiempo entre uno y otro, y era peligroso quedar expuesto en esos lapsos. Si el enemigo se desplazaba rápido, disparaba la granada sobre mí mismo y me alejaba de la zona mientras la granada hacía su parábola antes de caer, tiempo suficiente para yo huir de la zona y el enemigo meterse en ella. Además, tuve que elegir bendiciones para potenciar mi ataque rápido (que usa balas "normales"), porque el poderosísimo disparo de granada era tan lento que había enemigos contra los que simplemente era ineficaz. Estas son las diferencias de juego resultantes de una sola bendición.
Lo que apenas se percibe en Hades es la variación entre salas. Los escenarios se generan al azar, pero esta aleatoriedad no se siente demasiado al jugar. La variedad más importante es la que hay de una zona a la otra (entre el Hades y el Olimpo hay varios "mundos"; por ejemplo, en el segundo hay zonas de lava que dañan al que lo pise), pero los cambios de una sala a la siguiente son irrelevantes en la forma de jugar. En esto Hades se separa de otros juegos rogueloquesea, en los que creo que, en general, las mejoras son facilidades o posibilidades añadidas a la jugabilidad, que de base va a ser la misma, y son las variaciones de los escenarios las que se hacen notar. En Hades, son las armas y las bendiciones las que inciden en la jugabilidad.
Esa característica, la variedad, queda perfectamente integrada y equilibrada porque al final todo se hace con el mismo objetivo: eliminar a los enemigos recibiendo el menor daño posible. Avanzar y sobrevivir. Creo que esa facilidad para cambiar de un estilo a otro es parte del encanto y motivo de éxito de Hades. Hay algunas personas a las que les parece repetitivo. Pienso que en algún caso puede ser porque han querido encontrar profundidad en sus mecánicas. Pero jugar Hades pretendiendo "especializarse" en un estilo es un error absoluto y da lugar al tedio y la repetitividad. Lo mejor (y esto es coherente incluso con el argumento del juego) es dejar atrás todo cada vez que se avance, probar cada cosa nueva con la que nos topemos, usar todo del juego. Porque aquí la variedad no está sólo para dar ambientillo (como pasa, por ejemplo, en muchos juegos de mundo abierto) sino que crea la sensación de avance.
No sé si Hades merece todos los elogios que ha recibido, pero veo nítidamente que tiene dos logros particulares, su inteligente reutilización de la mitología griega y su jugabilidad variada y equilibrada, que explican que haya logrado escapar del Hadesnonimato indie para ganar un lugar en el Olimpo de los juegos actuales.
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