En los albores de mi memoria, tres recuerdos aparecen asociados a mi afición videojueguil: una partida ajena a algún Super Mario, creo que el de NES, en la casa de algún amigo de mis padres, a la que fuimos por algún evento que no recuerdo, en el que nos juntamos bastantes niños; partidas ajenas a Pokémon en el patio del colegio; y la propia serie de Pokémon. Recuerdo asomarme a un corrillo de niños mayores (7 años) que estaban viendo jugar a otro. Recuerdo ver al personaje desplazarse por los caminitos de la edición roja o azul, y los monigotes que representaban a los pokémon al abrirse el menú. Me daban muchas ganas de saber qué significaba toda la información que aparecía en la pantalla y qué pokémon era cada monigote. Es sorprendente comprobar ahora lo enanilla que era la pantalla de la Game Boy, sabiendo lo gigantescos que nos parecían los mundos que cabían en ella. Los precarios gráficos envolvían de misterio la partida de ese niño, porque la hacían más incomprensible para mí, y el mundo pokémon se me antojaba inaccesible, aunque yo pudiera contemplar las aventuras de Ash en la serie de dibujos. El niño que tenía la Game Boy tenía "el poder".
sábado, 13 de abril de 2024
Mi historia videojueguil - Mi primer juego
Un buen día, mi madre me dijo: "me ha dicho la abuela que, si te portas bien durante seis meses, te regala una Game Boy". Yo no era un niño que se portara mal, y no sé de dónde salió esa idea, pero me vino muy bien. Lo que sí sé es que mis abuelas han sido las que han financiado la mayor parte de nuestra afición videojueguil con sus regalos. A mis padres no les sobraba el dinero, y a veces decían, en broma, que no podíamos hacer tal cosa porque éramos pobres. Una vez, yendo en el coche, mi hermano preguntó: "¿y por qué no vamos al McDonald's?", yo contesté: "porque no podemos, ¿no ves que somos pobres?", y mis padres soltaron una carcajada, y un tiempo después nos llevaron al McDonald's. O sea que pobres no éramos. Pero para las maquinitas, las pudientes eran las abuelas.
Pasados los seis meses, llegó el momento de regalarme la Game Boy. Me resultaba casi inconcebible que sólo por cumplir mi deber de portarme bien me la fueran a regalar. Claro, para mí en ese momento era como una maravilla, aunque para ellos fuera simplemente un juguete caro. Supongo que el "pacto" de regalármela a cambio de portarme bien fue sólo una excusa para que pudieran comprarme una Game Boy sin maleducarme dándomela a título de puro capricho y sin sentar un precedente de regalo cumpleañero carísimo. Tiempo después, mis hermanos tendrían su propia Game Boy por la misma vía.
En mi "mentalidad de pobre", daba por hecho que la Game Boy sería la normal, pero contra todo pronóstico me regalaron la Game Boy Color. Y ese mismo día o el siguiente fuimos al centro comercial a comprarme un juego, porque si no la consola no servía para nada. Antes de la compra, mis padres tomaron algo con mis tíos, a los que visitamos aprovechando el viaje. Yo llevaba conmigo la consola y de vez en cuando la sacaba, la encendía y me quedaba mirando el logo de GAME BOY con la esperanza de que ocurriese algo. Recuerdo hacerlo con discreción, para que el camarero no se diera cuenta de que en realidad no estaba jugando a nada, y así no parecer tonto.
Finalmente, después de esperar pacientemente y portándome muy bien para que nadie se echase atrás, fuimos a la zona de videojuegos y me dejaron elegir uno. Yo escogí, evidentemente, Pokémon. Y concretamente, la edición amarilla. No llevaba ninguna información: no existía internet, no tenía edad para comprarme revistas por mi cuenta y tampoco tenía hermanos o primos mayores ni amigos que me hubieran instruido. Salí feliz con mi cajita.
Después fuimos a casa de mis tíos y mi primo. Allí pude estrenar el juego. Mi tía le dijo a mi primo que me enseñara a jugar, ya que él tenía la Game Boy desde antes. Recuerdo que esa misma tarde me atasqué por primera vez en un videojuego: no sabía salir de la casa inicial. Fue mi primo el que me desatascó: había que "empujar" hacia abajo en la zona de la puerta. Aún estando atascado, me preguntaron si me gustaba y dije que sí. Por otro lado, cada vez que apagaba la consola volvía a empezar la partida desde el principio, y ya que había cogido confianza le pregunté a mi primo cómo podía hacer para no tener que jugarlo todo otra vez, y me dijo que me iba a enseñar un "truco"; y me enseñó a guardar la partida. ¡Menos mal que estaba él!
Recuerdo que me costó mucho derrotar a Brock (normal, porque llevaba a Pikachu, Pidgey y Caterpie, todos débiles contra el tipo roca) y me puse muy contento cuando le derroté. Y recuerdo derrotar a Misty con toda facilidad tirando rayos con Pikachu. Fue nada más llegar del viaje de vuelta a nuestra ciudad, después de haber pasado unos días en casa de mis abuelos. Meses después sería mi comunión, y mi primo vendría con su cable Link para echarme un combate Pokémon y aplastarme con Articuno y no sé quiénes más. Sería entonces cuando se convertiría en un gran amigo y compañero de aventuras videojueguiles.
También recuerdo algunas otras anécdotas con la Edición Amarilla: que mientras íbamos al cine estaba echando un combate contra un Slowpoke que se me alargó y, para no perder el progreso, dejé encendida la Game Boy durante toda la película, aprovechando las escenas más luminosas para intentar terminarlo y poder guardar; que pasé lo que me parecieron meses atascado en la Calle Victoria, y me sentí eufórico cuando logré desatascarme, esta vez sin ayuda, deduciendo yo solito que había que tirar una de las rocas al piso inferior por un agujero, y que fui a contárselo a mi madre para compartir mi alegría; que me gasté la Master Ball en un Oddish de nivel 25, porque no sabía lo que era; y que, cuando conseguí la bicicleta, mi hermano y yo nos partimos de risa viendo lo rápido que iba el muñeco.
Luego vendrían otros muchos juegos, pero este fue el primero y pasé mucho tiempo en él. Así es como me adentré en el maravilloso mundo de los videojuegos.
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Muy interesante el artículo. Que suerte que fueras sin ningún conocimiento a escoger tu primer videojuego, cosa que actualmente es imposible. Ánimo con el blog
ResponderEliminar¡Muchísimas gracias por comentar! Eran otros tiempos, desde luego. Ahora hay montoneras de textos nuevos cada día, antes todo se limitaba a la revista mensual y a lo que te pudieran enseñar familiares o amigos mayores.
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