sábado, 21 de diciembre de 2024

La labor de los youtubers

He comentado en alguna ocasión que considero que los análisis de videojuegos tienen en general un nivel muy pobre, con pocas excepciones. Evidentemente, se trata de una crítica al trabajo de análisis que hacen tanto los periodistas que trabajan bajo la cobertura de alguna revista o página web como los que por su cuenta publican en Youtube.

En cuanto a estos últimos, además, considero que su trabajo es síntoma de una atomización de la sociedad y del desmantelamiento de las comunidades, por así decirlo, "naturales". Quien se aficiona a los vídeos de un canal no lo hace solamente porque el tema de los vídeos le interesa, sino que creo que se implica también afectivamente en el visionado, porque el youtuber vierte parte de su personalidad en su contenido y el espectador se encariña con el youtuber.

Sería injusto echarle a los youtubers la culpa de esto, porque, como digo, se trata de una consecuencia de un cambio de costumbres previo que no fue provocado por ellos y que se ha dado en muchos ámbitos antes de manifestarse en este. Es una relación de ida y vuelta, claro: los youtubers son un producto de ese cambio de costumbre, pero también artífices de él, o al menos consolidadores. Sea como sea, hay grupos de personas que se congregan virtualmente alrededor del contenido creado por una "estrella" de internet, e intuyo que esto no pasaría tanto si esos mismos grupos se congregasen materialmente alrededor de la fiesta del pueblo. Cómo de bueno o malo sea esto no me atrevo a decirlo, pues se trata de una tecnología con la que simplemente tenemos que convivir de la mejor manera posible. Pero, desde luego, identificar los problemas asociados al "mundo virtual" exclusivamente con las caras visibles de ese mundo, con los youtubers y equivalentes, sería injusto. También habrá que achacar parte de la responsabilidad, por ejemplo, a la mercadotecnia (marketing) que sofisticadamente ha logrado inyectar en la sociedad narrativas que asocian un coche, un contrato de seguro, una pizza o un cacho de jamón con la felicidad familiar. Recuerdo que hace unos años había un anuncio de televisión de una compañía de seguros, presentado por un señor formal y apagado, que se limitaba a exponer algunos de los términos de la oferta, y ciertamente era sosísimo... pero yo admiraba el trabajo de ese señor, porque en vez de intentar fabricar dentro de los espectadores un disparador de resonancias emocionales positivas conectado con la marca tal, explicaba los términos más interesantes de la oferta a un nivel puramente informativo y luego se despedía, respetando plenamente la libertad del receptor para responder a la oferta o no. La pizza y el jamón son otra cosa; pero en lo que se refiere a un contrato de seguro, ojalá toda la sociedad estuviera de acuerdo en adoptar el enfoque realista y cordial de aquel amable y honrado señor.

El youtuber no ha irrumpido en la fiesta del pueblo para secuestrar a los niños y reducirlos forzosamente a la dependencia neuroquímica de contenidos virtuales, sino que trabaja confinado en una realidad que se crea y se destruye en cada casa a voluntad del espectador con sólo pulsar un botón. Youtube no se enciende solo, y el acostumbramiento a su presencia perpetua en nuestra cotidianeidad ha tenido que subir varios escalones antes de florecer en la cara visible de los youtubers. Lo que no quita que Youtube no ponga de su parte para entrar en el hogar como un caballo de Troya, claro está. Lo que quiero decir es que los youtubers viven igual de inmersos en esta dinámica que nosotros, y su supresión no cambiaría demasiado. No cabe achacar a un tipo que se graba en casa hablando de lo que le gusta la misma responsabilidad que a empresas que financian estudios de neurología en busca de puntos débiles en la psicología de las personas para asaltarlas con todas las tentaciones posibles. Lo que pasa es que a los youtubers los vemos directamente.

En realidad, considero que los youtubers, como operadores dentro de este nuevo conjunto de costumbres, tienen, como cualquier otro tipo de agente, la responsabilidad de hacer su trabajo bien, y esto es posible. Y su trabajo, en la mayoría de los casos (y me ciño al mundillo de los videojuegos), no es tanto analizar y estudiar los videojuegos como crear un espacio virtual de entretenimiento y compartición de la afición a los videojuegos. Y a ese espacio acudo a menudo, en realidad; y aunque me decepcione la escasez de análisis realmente valiosos sí como del fruto de la pasión compartida por los videojuegos. Degusto los comentarios y las opiniones foreras sobre los nuevos estrenos, sobre los festivales de anuncios y sobre obras pretéritas. Y aunque la masiva cantidad de información tenga sus peligros, la existencia de estos foros virtuales permite sumar una nueva capa de disfrute a la mera contemplación individual de los videojuegos. Permiten descubrir nuevas obras, contrastar opiniones, conocer el sentir general sobre algún anuncio, comprobar el impacto de cada juego en la mentalidad generalmente compartida, conocer detalles de videojuegos concretos inexplorables por una sola persona, formar grupos de juego, comer palomitas mientras dos foreros se pelean con gracia... Se puede instrumentalizar el foro para escaparse de la vida real, sí; pero también para condimentar el plato principal, que es el videojuego en sí. Que esto sea una pérdida de tiempo depende, en parte, de la alternativa de cada uno: hay días que son para los demás, o para el trabajo, o para dedicaciones más formativas, y días en los que se abre un hueco para degustar estos entretenimientos accesorios tan sabrosos.

Los youtubers crean e impulsan este condimento. Forman comunidades, proveen de contenido más o menos constantemente, asegurando un entretenimiento adaptable a nuestra rutina, garantizan un comentario sobre cada noticia de interés y sobre cada videojuego destacable, y con todo ello son un receptáculo efectivo para las impresiones, emociones y pensamientos que cada "suceso" videojueguil provoca en nuestro interior; un espacio donde "verter" todo eso y redoblar el valor que tenga, al compartirlo.

Y, lo más meritorio, son personas reales que se han expuesto personalmente a las hordas internáuticas, proveedoras de críticas, insultos y opiniones "constructivas" despojadas de la necesaria pizca de empatía y humanidad. Los youtubers han vivido expuestos a la ridiculización nacida espontáneamente de la masa social y catalizada por los mismos agentes televisivos que ahora llevan años fabricando programas endogámicos ad hoc para sus propias estrellas, a las que ya no saben qué salida darles después de haberlos desgastado durante años en su propio negocio, al que los youtubers son una alternativa. Tanto los cómicos desgastados como los youtubers tienen el mérito de exponer sus rostros, y con ello gran parte de sus identidades, para nuestro entretenimiento, cobrando lo suyo y ahorrándose "trabajar en la mina", sí; pero también exponiéndose al juicio crítico de cualquiera.

Creo que los youtubers y otras personas que trabajen en condiciones parecidas están sometidos a una presión que, si bien puede no ser tan dura como otras, sí es peculiar: la presión del juicio crítico, constante y explícito de quien sea. E intuyo que esta presión no la infla sólo la bonita correspondencia virtual diaria en forma de insultos gratuitos, sino también los comentarios que "magnánimamente" comunican el veredicto del espectador sobre lo que el youtuber hace y deja de hacer con su vida. Un insulto es abiertamente malo; pero estos comentarios magnánimos pueden ser también muy mezquinos, en el fondo. "Sigue así, youtuber, tienes mi aprobación"; o "no hagas así, youtuber, te lo digo por tu bien". Nuestro anonimato y la disposición a la que el youtuber se nos pone, con todo su contenido y lo personal que de él haya vertido en el mismo, empezando por su cara, nos lo pone fácil a los espectadores para enjuiciarlo todo, ya lo hagamos irracionalmente, como quien apalea una piñata, o con toda la razón del mundo, como hacían con Job sus amigos. Pero, en realidad ¿qué nos legitima para juzgar la vida de esas personas en primer lugar? Para nosotros, meros espectadores, es un comentario que no vuelve; para el receptor, es una evaluación de su vida. No falta quien le pone el broche a la discusión diciendo: "es que tienes que pasar de esos comentarios, es que no te lo tienes que tomar así". Aunque no le falte razón, no es el consejo de un amigo, sino una lección lanzada anónima e impersonalmente pero dirigida a una persona con nombre y rostro, y que toca en su vida concreta.

A estas alturas, yo podría haber confeccionado algún vídeo para Youtube. Varias circunstancias se oponen a esa tarea: falta de tiempo y de soltura informática, principalmente. Pero las podría sortear si me lo propusiera. En realidad, si no me planteo llevar mis textos a formato vídeo es, sencillamente, porque no estoy dispuesto a exponerme como lo hacen los youtubers. Así que, aunque a veces critique la parte pretendidamente analítica de su contenido, vaya por delante mi admiración por ellos, tengamos cuidadito con lo que escribimos, y que cada cual viva su vida en su sitio como mejor pueda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario