He aquí uno de los grandes. Pasan los años y aún se yergue como uno de los mejores juegos de lucha. ¿En qué se nota? En que se puede jugar a día de hoy sin que haya perdido un ápice de interés.
Es difícil continuar la senda de los grandes juegos de lucha manteniendo la esencia, porque sus reglas no pueden cambiar esencialmente sin cambiar de género... no se puede hacer un Smash Calibur sin perder el alma ("Soul") de la saga, para entendernos.
Y el género llegó a este título muy, muy, muy pulido. Hablo ante todo, es obvio, de su jugabilidad, el apartado más importante en un juego de este estilo. No creo que merezca la pena detenerse a describir lo básico; sería como ponerse a explicar lo que es un juego de conducción. Lo que cabe decir es que ese estilo de juego, la lucha tipo Tekken, está perfectamente ejecutado en Soul Calibur II. Los combates son ágiles sin ser descontrolados, espectaculares sin ser caóticos. El juego es muy profundo, y quien quiera ser experto en algún personaje tiene cientos de horas por delante. Cuanto más conocimiento tenga el jugador de lo que hace, mayor disfrute obtendrá. Pero el mérito es que para el jugador amateur, el juego también es ultra disfrutable, porque combinaciones, digamos, intuitivas de botones suelen dar lugar a movimientos fluidos y efectivos de los personajes. Evidentemente, la experiencia se premia, pero lo que quiero decir es que desde el primer combate que se juega con las nociones básicas (ataque vertical, horizontal, físico, presa, defensa) el juego despliega ante el jugador unos combates muy vistosos. La gracia del juego es, digamos, que transforma nuestras pulsaciones en movimientos gráciles que resultan en unas leches que dan gusto. Los combates son un deleite para los sentidos y a la vez una lucha encarnizada y letal, y estos dos aspectos, la belleza y la ferocidad, no chocan nunca entre sí.
Este deleite de los sentidos del que hablo tiene mucho que ver, claro, con el apartado artístico, que es brillante en lo sonoro y apabullante en lo visual. Los gráficos de Soul Calibur II están entre los mejores de su época técnicamente, pero es que el diseño artístico es inmejorable: los personajes son muy carismáticos, sus rostros y voces expresivos, más que los de otros juegos teóricamente superiores en lo técnico. Tienen encanto, variedad y no son horteras. Jugadores de toda índole encontrarán, sin duda, alguno de su agrado. Además, sus aspectos están muy en consonancia con su estilo de lucha. Pero no sólo hablo de los personajes cuando hablo del diseño, sino también de los escenarios: entornos variados, relacionados con los distintos personajes, muy bien decorados pero sin salirse de su papel, ser un fondo que deja espacio al lucimiento de los luchadores.
La banda sonora acompaña perfectamente a lo anterior. Es una música orquestal que, como los escenarios, deja espacio a los protagonistas, los luchadores, sin distraer en ningún momento. Y sin embargo es una banda sonora exuberante, copiosa en melodías y arreglos. Tiene mucho mérito que se haya compuesto una banda sonora digna de escucharse para un juego en el que, al fin y al cabo, no hay tregua para detenerse a escuchar. Una banda sonora de mero acompañamiento habría cumplido, pero en su lugar tenemos una música que, sí, acompaña perfectamente, pero que además es siempre muy buena, muy trabajada, con un buen ritmo, con ricos matices y, en varios temas, memorable e incluso brillante. Sobresaliente, en una palabra.
Finalmente, hay un aspecto del juego que aporta mucho su personalidad y que se trasluce en el diseño del que ya he hablado: el mundo, o la mitología, detrás de Soul Calibur, que se anuncia ya en el nombre de la saga. Soul Calibur narra la lucha entre el bien y el mal, encarnados en en dos espadas: Soul Calibur y Soul Edge. Cada personaje tiene su historia, y todas conectan de un modo u otro con estas espadas. El trasfondo de Soul Calibur está trabajado y es interesante de conocer, y lo es sobre todo porque está muy bien anudado con lo que vemos en pantalla: en el diseño de los personajes se puede intuir que hay una historia detrás, con lo que esas historias que el juego nos cuenta se sienten como una profundización de los personajes que manejamos, y no como una historieta inventada a posteriori de cualquier manera. Es decir, parece que realmente lo que nos cuentan es el motivo por el que esos personajes son lo que son. Este punto es importante sobre todo en el modo Maestro de las Armas, donde se desarrolla la historia del personaje con una trabajada narrativa. El universo de Soul Calibur es inmersivo, porque es detallado (pues cada personaje tiene su propia historia) y a la vez fácil de entender (pues la premisa es sencilla y atractiva, y el mundo de Soul Calibur no deja de ser, con elementos fantasiosos, el nuestro propio en una época pasada: Cassandra y Sophitia son antiguas griegas, Mitsurugi es un samurái, etc). Lo genial del asunto es que lo conocemos sobre todo en el Maestro de Armas, pero se hace presente de algún modo en todos los elementos y modos de juego, incluso en un combate cualquiera contra un amigo, gracias a que ese factor "mitológico" se trasluce en los personajes, en los diseños de los escenarios y aparece en la voz que al principio de cada combate dice frases épicas. Es la misma voz que presenta el juego: "Soul Calibur Two", con lo que desde que pulsamos Start en la pantalla de inicio nos sentimos sumergir en esa leyenda tan bien resumida en la frase de la introducción: "transcending history, and the world, a tale of souls and swords, eternally retold".
A todo lo anterior se suman las galerías de imágenes, que permiten prolongar nuestro disfrute del universo Soul Calibur de un modo más calmado y contemplativo. Un extra que se agradece y termina de redondear un trabajo espléndido. ¿Qué puede echarse en falta en Soul Calibur? El editor de personajes que incorporaron posteriores entregas y un modo online. Aspecto disfrutable pero no esencial el primero, e imposible en su época el segundo.
En resumen, Soul Calibur II es un juego de lucha en la cúspide del género. Jugabilidad (lo más importante) perfectamente medida, acompañada de un apartado artístico esplendoroso y trasfondo de juego atractivo y bien desarrollado. Por todo ello, como se narra en la introducción, Soul Calibur II trasciende la historia y sigue siendo, 17 años después, un ejemplo a seguir incluso para su propia saga, que no sé si ha conseguido igualarse posteriormente, por lo que merece ser rejugado una y otra vez.
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